Vacunación: la mejor medida de prevención para salvar vidas

Las medidas de prevención forman parte fundamental de los objetivos de una empresa dedicada a la Salud Ocupacional como lo es Pulso Corporación Médica, y en esta oportunidad la vacunación como prevención de enfermedades requiere su debida atención, sobre todo para dar a entender a los pacientes su efectividad y que puedan conocer por qué son tan importantes.

Las vacunas son en esencia sustancias que proporcionan inmunidad, las cuales pueden contener agentes infecciosos atenuados, muertos o alguno de sus componentes, y al ser administrados en una persona sana, provoca una repuesta específica por parte de su sistema inmunitario el cual se prepara para defender al organismo ante esa enfermedad a la que pudiera estar expuesto.

Por ello es que se habla de prevención, ya que se logra producir una respuesta en el individuo sano similar a la infección natural, pero sin mayor riesgo. Todo está basado, en la respuesta inmune que las personas producen ante cualquier sustancia que consideran como no propia, y en el fenómeno de la memoria inmunológica, que puede recordar a este atacante, proporcionando la capacidad de defenderse en el futuro.

Desde hace décadas las vacunas son la medida de preventiva de salud pública que más vidas han salvado, evitando más veinte millones de muertes y ha contribuido de forma decisiva a aumentar la calidad de vida de las personas.

Los programas de vacunación tradicionalmente se han enfocado hacia la infancia, lo que ha permitido disminuir en este grupo la frecuencia de enfermedades prevenibles mediante vacunación, sin embargo, los programas de vacunación no son solo para niños, sino que los jóvenes y adultos también cuentan con su propio esquema de vacunación el cual se recomienda seguir para mantenerse protegido ante posibles amenazas.

Así como existen adultos que no fueron vacunados en su infancia y que no entraron en contacto a la edad en que era habitual con el agente infeccioso para desarrollar la enfermedad y la inmunidad consecuente. Estos adultos son personas más susceptibles y, en ocasiones son los responsables de la persistencia de brotes infecciosos.

Es importante considerar que algunas vacunaciones infantiles no inducen inmunidad de por vida, sino que dependen de un refuerzo con dosis posteriores durante la edad adulta para evitar que vuelvan a estar en un estado de susceptibilidad a infecciones específicas.

Además, la vacunación en un adulto no solo minimiza los riesgos de contagio de enfermedades, sino que disminuye los costos médicos directos cómo como visitas, tratamientos, incluso los costos indirectos como ausentismo laboral, discapacidad, etc.

Actualmente la información necesaria sobre vacunación se encuentra en todos los centros de salud, según la edad, también según el riesgo profesional, como viajes internacionales, para los cuales se exige seguir un esquema de vacunación dependiendo de la zona a la que se va a visitar.

En especial por presentar alguna patología de base. En este último grupo, se incluirían los pacientes con enfermedades crónicas cardíacas, respiratorias, renales y hepáticas, diabetes, inmunodepresión o factores de riesgo específicos como el enolismo o el tabaquismo y las embarazadas.

Seguir un control de vacunas es indispensable para toda la familia, para ello se proporciona un carnet de vacunación que debe conservarse y presentarse en los centros médicos, ya que es una muestra del registro de vacunas administradas, el laboratorio, lote, fecha, así como las siguientes por administrar.

Este control permitirá lograr una buen respuesta y eficiencia ante la protección que se espera, aunque tanto en niños como en adultos, en general es posible administrar varias vacunas al mismo tiempo sin contraindicaciones, pero en el caso de vacunas vivas atenuadas (por ejemplo, triple vírica, varicela o fiebre amarilla) es conveniente, ponerlas el mismo día o separarlas al menos 4 semanas, para reducir la interferencia en la respuesta inmune entre ellas.

Finalmente, el miedo a las vacunas que puede existir en niveles generales es por desconocimiento. En el caso de los niños está más cerca del miedo a la inyección que al biológico, entre los adultos, mayor es el miedo generalmente es a efectos adversos.

Estos efectos pueden ser de varios tipos, como irritación o enrojecimiento en el área donde fue administrada la vacuna, además de otros síntomas como malestar general, dolores musculares, fiebre, pérdida de apetito o fiebre, además también de posibles alergias, estas se presentan casi de forma inmediata.

Sin embargo, estos efectos no son comunes, es decir, se presentan en la minoría de los casos y desaparecen por si solos mientras actúa el sistema inmunitario combatiendo el antígeno. Ante el caso de que persista alguno de los efectos adversos, es necesario comunicarlo al médico o centro de salud donde fue administrada la vacuna, que se reitera es muy poco común.

 

➡Cualquier información adicional comunicarse con Milady Guillén 994.400.895 (Whatsapp o llamada) del Equipo Comercial.

 

Fuente del artículo de Pulso Corporación Médica:
La Vanguardia

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